La arquitectura que necesitamos
Existe una manera de pensar la arquitectura que cuestiona los fundamentos más básicos de por qué y para quién transformamos nuestro entorno. Mi metodología se relaciona al usuario sin negar el sitio, los conecta profundamente en 3 partes: sustancia, expresión y lógica.
Cada lente nos deja ver las miles de posibilidades que existen en cualquier proyecto, afinando una solución acorde a las necesidades del cliente, las condiciones actuales del sitio, el ecosistema del cual forma parte, y el máximo beneficio a la sociedad. En cada casa un hogar, en cada exhibición un museo, cada espacio una experiencia.
Un enfoque ecocentrista lleva a utilizar principios bioclimáticos para la forma y materialidad; genuina curiosidad e interés por la cultura local y la gran historia del arte para la estética y el estilo; y un profundo análisis sobre el funcionamiento diario, los costos involucrados, y la realización del proyecto en mano.
Nuestras construcciones nacen de la necesidad básica de refugio, ese encuentro entre la humanidad y el estado natural del mundo, y tras siglos de manipulación espacial nos encontramos en una sociedad que vive en jaulas de concreto y las confunde con el Edén. Ese eterno laberinto de asfalto, acero y smog que guía nuestro cada movimiento con pintura en el piso o señalamientos metálicos con acabado ultra-reflejante; todo podría ser de otra manera.
La respuesta no sólo se encuentra construir con adobe, poner paneles solares o utilizar materiales reciclados; ni siquiera llenar el proyecto de techos verdes o plantas por doquier, eso es trampa; se trata de adaptar el espacio a las necesidades del ecosistema.